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Larga historia al margen de la ley

 

06/09/2013 06:35:03  | El perfil de un hombre que buceó más de 15 años en un negocio millonario y complejo como el de la droga es descripto en un intersante informe que aparece en el diario El Ciudadano. Lo reproducimos.

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Rico, refinado, sin maldad y dueño de una inteligencia anormal son algunos de los adjetivos que Delfín David Zacarías cosechó en los últimos 15 años, al tiempo que parece haber amasado una enorme fortuna en el fructífero negocio de la droga, lo que deberá comprobar la Justicia.

Abogados, policías y personajes del hampa local coinciden en mencionarlo como el narco más viejo de la ciudad y un entusiasta jugador de póker, ámbito en el que se destacaba por sus apuestas potentes y torneos en distintas provincias donde nadie sospechaba el origen de sus billetes. Se le atribuye ser pionero en las cocinas de cocaína y el primer proveedor de pasta base para la segunda camada de narcos, como la familia Cantero en la zona sur, y Luis M. y Esteban A. en el oeste y el norte.

“Estaba por encima de todos. Pero era distinto, un buen tipo, un señorito inglés. Fue el primero en traer la materia prima y más tarde, cuando cualquier gil baja pasta de Bolivia, el único que tenía contactos de precursores químicos en la creciente industria del narcotráfico”, destacó la fuente.

En el reparto de territorios se quedó con el cordón industrial en las zonas de San Lorenzo y Granadero Baigorria, donde se destacó como un generoso empresario que se “ganó el afecto” junto a su familia de las autoridades. Más de 20 vehículos y el doble de inmuebles, casi todos adquiridos en un año, son los bienes declarados en el marco de su familia, que anotó sólo dos empresas, una remisería y una constructora que cerró sus puertas en septiembre del año pasado.

Fue investigado durante años por agencias de inteligencia nacionales, incluso cuando estuvo prófugo de la Justicia, durante el ventilado juicio federal de Jorge Halford, quien durante su defensa lo nombró como “el David” que le armó una camita, relato que la misma jueza Laura Cosidoy interrumpió para agregarle dos datos: el apellido Zacarías y que se encontraba prófugo de la Justicia.

En esa condición se mantuvo largos meses hasta que la causa prescribió. Durante ese transcurso desapareció misteriosamente su prontuario de los archivos de la Policía santafesina y hubo que reconstruirlos, cuenta un detective de Rosario. “Cada vez que un vigilante lo agarraba le sacaba plata”, aseguró esta fuente. También en el lapso que tenía una orden de captura, organizaciones de inteligencia nacionales lo fotografiaron en sus religiosas reuniones semanales, todos los días jueves en el primer piso de un restaurante de la zona de Italia y avenida Pellegrini junto a los entonces jefes de la Brigada Regional y la Sección Inteligencia de Drogas Peligrosas, y un alto oficial de Gendarmería.

Para la misma época, cuenta el detective mencionado, alquilaba a metros de la misma avenida dos departamentos contiguos, en uno de los cuales guardaba los estupefacientes.

Le achacan que una de sus fórmulas mágicas para subir fue entregar a otros narcos, y así sumar terreno. “Siempre trabajó para la Policía”, aseguran con malicia. Entre algunas hazañas, dicen que supo disfrazarse de enfermero y viajar desde Orán, localidad de Salta, hasta Rosario, en una ambulancia alquilada, con la complicidad de una médica paga y la licencia de conducir de un vecino. Atrás, con un suero enchufado y sobre una camilla que camuflaba más de 40 kilogramos de pasta base, iba su esposa, la “enferma”, que fue la excusa perfecta para que los uniformados que los pararon en la localidad santiagueña de Palo Negro los dejaran seguir camino, según dice esta versión.

También le atribuyen hacer simulacros similares en ataúdes, cuya materia prima ha viajado incluso junto a cadáveres.

Más cerca en el tiempo, antes de la megacausa contra Los Monos, pesquisas aseguran que se reunía en forma asidua con Ramón Machuca, alias Monchi Cantero: “Una vez le compró alita de mosca de tan mala calidad que, lejos de hacerle un escándalo, se la devolvió. Y la transacción fue en la playa de estacionamiento del casino”. Un penalista, en tanto, asegura que Zacarías era el único que se mantenía fuera del alcance del clan Cantero en su faceta de cobrador de impuestos: “Los Monos además de mover droga extorsionaban a cualquier otro que traficara en la zona de Rosario. Pero con él jamás se metieron”.

No terminó la carrera de derecho, pero cuando le tocó cumplir condena por un tema de narcotráfico fue uno de los mejores defensores que tuvo la cárcel, donde se ganó el apodo de “abogado del diablo” porque sus defensas eran infalibles y los compañeros de celda no necesitaban de servicios profesionales para recuperar la libertad, asegura un viejo ex convicto. Durante sus años oscuros también asistió al taller de poesía coordinado por Susana Valenti, que publicó sus versos en “Condición circular”, junto a los poemas de otros internos.

“Nunca mezclaba los negocios legales con la falopa”, dijo un pesquisa sobre su manera de invertir el dinero; y resaltó que era buena persona, que no tenía maldad y que si la Policía se lo pedía era “capaz de dejar el negocio de la droga hasta que cambien las autoridades”.

36 propiedades en un año

La difusión del informe de la Secretaría de Delitos Complejos del Ministerio de Seguridad de la provincia generó en los últimos días un cimbronazo político en la localidad de San Lorenzo, cuyo intendente es el radical Leonardo Raimundo, ya que el clan Zacarías se había convertido en un actor público entre las instituciones de esa ciudad. Se le atribuye a la familia de Delfín haber comprado 36 propiedades en un año sobre un total de 40, además de 24 vehículos. En febrero de 2011 el Concejo sanlorencino había aprobado un pedido de excepción para construir un inmueble, un megagimnasio ubicado en Congreso y Vélez Sarsfield, a nombre de la hija de Zacarías, Flavia, por entonces de 21 años, que votaron a favor 4 ediles con la oposición de otros tres. A ese cuerpo legislativo el hombre detenido ayer le ofreció apadrinar una plaza y solventar el alumbrado público de nueve cuadras a cambio de la mencionada excepción y otra para una edificación en pasaje Caviglio y Saavedra. Y el Concejo aceptó.

Marcelo Remondino, un ex funcionario sanlorencino, fue quien hizo una denuncia en octubre pasado contra Zacarías por sospechar que esa fortuna estaba originada en el narcotráfico, en la Jefatura de la Unidad Regional XVII con asiento en San Lorenzo, y luego denunció que habían atentado contra su vida. “Empecé a interesarme en el tema cuando el Concejo Deliberante de San Lorenzo habilitó a un particular para realizar una megaobra en calle Congreso. Se descubrieron muchas irregularidades alrededor de esa compra y muchas cosas deberá responder a la Justicia”, advirtió Remondino a una radio local.

SIEMPRE ES DIFÍCIL VOLVER A CASA

Delfín David Zacarías pasó su temporada en el infierno. Es decir, estuvo preso en distintas cárceles santafesinas por narcotráfico. En la Unidad de Detención Nº3 supo asistir al taller de poesía “Historial de Soledades”. Y fue parte del libro Condición Circular que muestra sus dotes de poeta. Si bien son varios los poemas de Zacarías publicados, el elegido es “Regreso a casa”, que parece haber sido escrito sólo unos minutos antes de volver a caer.

Como un gran garabato abrigado de heridas hoy regreso a casa
pretendiendo atrasar todos los relojes del mundo,
huyendo de la ausencia caníbal del olvido
con el corazón estrecho,
como recién llegado al cortejo.
Atrás quedó este caos incongruente
mudando el otoño de su desnaturalizado ropaje,
hartando el aire de quejumbres impúdicas
como el aullido feroz y desesperado
de una fiera renunciada y sin compañía.
Ya no hay purgatorio que visitar.
Hoy el resplandor enciende
mi espíritu amputado
despertando abruptamente de esa pesadilla
que como araña venenosa me envolvía
y me expulsaba del paraíso,
llevándome con Judas al peor de los infiernos.


TIROS EN LA JEFATURA DE LA UNIDAD REGIONAL XVII

Un oficial subayudante ingresó ayer a la noche al edificio de la Unidad Regional XVII, sacó su arma reglamentaria y abrió fuego contra los policías –entre los que se encontraban algunos de los altos jefes de la regional– que estaban en la secretaría privada de Urquiza 749 en la localidad de San Lorenzo.

Voceros del caso indicaron que ninguno de los uniformados presentes resultó herido y, contrario a los rumores que señalaban como blanco de la balacera al jefe de la Unidad, el comisario Walter Miranda, las fuentes sostuvieron que el jefe de la URXVII estaba en un servicio de calle.

En tanto, a pesar de que no trascendió su identidad, se conoció que hacía unas semanas atrás, el atacante había sido retirado de las funciones que prestaba en la comisaría 2ª de Capitán Bermúdez por irregularidades en su accionar. “El agresor quedó detenido y se le secuestró el arma reglamentaria”, explicaron los pesquisas.




Fuente: El Ciudadano
 
 
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